XXI Conferencia de Embajadores - Discurso del Presidente de la República, Sr. François Hollande

Sr. Presidente del Senado,

Sr. Presidente de la Asamblea Nacional,

Señoras y Señores Ministros,

Señoras y Señores Parlamentarios,

Señoras y Señores Embajadores,

Damas y caballeros:

 

 

En el momento en que estoy hablando ante ustedes, el mundo está horrorizado luego de la revelación del uso de armas químicas en Siria.

 

Todo lleva a creer que es el régimen quien ha cometido este infame acto, quel lo condena definitivamente a los ojos del mundo pues es una ignominia el hecho de recurrir a armas que la Comunidad de Naciones rechaza desde hace 90 años en todos sus convenios internacionales.

 

¿Acaso debo recordar que este conflicto ya ha causado más de 100 000 muertes, y que ya se propaga al conjunto de la región? En Líbano con atentados; en Jordania y Turquía por la afluencia de refugiados; en Irak por el desencadenamiento de violencias sangrientas: esta guerra civil amenaza hoy la paz del mundo.

 

Desde hace un año, Francia ha estado actuando, y lo hizo por iniciativa de la Conferencia de Amigos del Pueblo Sirio que se reunió en París durante el mes julio de 2012. Francia fue la primera en reconocer, el pasado mes de septiembre, a la Coalición Nacional como representante legítimo del pueblo sirio y con mucha rapidez, dio con generosidad a la oposición las ayudas humanitarias y materiales para que ésta llevara a cabo su combate.

 

Hoy, nuestra responsabilidad es buscar la respuesta más adecuada a las exacciones del régimen sirio, una vez que termine la parte esencial de la misión de investigación de las Naciones Unidas.

 

La masacre química de Damasco no puede quedarse sin respuesta. La comunidad internacional no puede permanecer sin reaccionar ante el uso de armas químicas. Francia está dispuesta a castigar a aquéllos que tomaron la infame decisión de gasear a inocentes.

 

Estos últimos días, he multiplicado las consultas con nuestros aliados, en particular, americanos y europeos, así como con nuestros socios árabes, para contemplar todas las opciones. Mañana, convocaré un Consejo de Defensa y se informará al Parlamento de la situación a la brevedad posible.

 

Además, decidí aumentar nuestro apoyo militar a la Coalición Nacional Siria, en cumplimiento a nuestros compromisos europeos.

 

Sólo con esta firmeza una solución política podrá un día prevalecer en Siria.

 

La responsabilidad de Francia: tal es el sentido y el honor de la política exterior que estoy conduciendo con Laurent Fabius desde mi elección.

 

Esta responsabilidad se basa en tres grandes principios:

 

- la independencia, que nos lleva a cada momento a decidir en plena soberanía, pero permaneciendo fiel a nuestras alianzas, a la solidaridad europea y a nuestros acuerdos bilaterales. Esta es la libertad que hace a Francia útil al mundo y a la paz.;

 

- el respeto del derecho internacional: es la mejor garantía para respetar las fronteras, para solucionar los desacuerdos y para hacer que prevalezca la seguridad colectiva. Pero el derecho internacional debe evolucionar con su época y no puede ser un pretexto para dejar

que se cometan masacres de masa. Esta es la razón por la que reconozco el principio de “la

responsabilidad de proteger” a las poblaciones civiles, que la Asamblea General de las Naciones Unidas votó en 2005;

 

- finalmente, la exigencia del diálogo pues Francia quiere ser un puente entre los continentes y evitar lo que algunos han dado en llamar el choque de las civilizaciones; Francia quiere ser una “potencia de referencia”, es decir una nación que se expresa más allá de sus propios intereses.

 

Estos principios, para ser efectivos, se basan en medios de acción. Ante todo su diplomacia pero también sus capacidades militares que le confieren un papel particular, y que su estatuto en calidad de miembro permanente del Consejo de Seguridad viene aún más a reforzar.

 

Francia debe pues asegurarse de que su herramienta de defensa sigue siendo fiable, y es lo que garantizará la próxima ley de programación militar, inspirada en los trabajos del Libro blanco sobre la defensa. Francia mantendrá durante los siguientes cinco años los créditos del presupuesto de la Defensa incluso en este período tan difícil para nuestras finanzas públicas. Pero es la condición sine qua non para preservar nuestra credibilidad y decidir una intervención cada vez que nuestro país lo considere necesario, en el marco del derecho internacional.

 

Este fue el caso en Malí el 11 de enero. No para reemplazar a los africanos, sino para actuar con ellos…

 

Siete soldados franceses murieron en la operación Serval, y varias decenas más resultaron heridos. Quiero rendir homenaje a su sacrificio y de manera más amplia a nuestras fuerzas que permitieron liberar el territorio de Malí y organizar la celebración de una elección presidencial cuyo desarrollo elogio, pues dio una fuerte legitimidad a su nuevo Presidente, Ibrahim Boubacar Keita.

 

En ocho meses, de enero a julio, habremos triunfado así a apartar a los terroristas, darle seguridad a Malí y comprometer la transición política. Difícilmente una operación, estos últimos años, habrá podido alcanzar sus objetivos en un plazo tan breve.

 

A partir de ahora Francia va a reducir su presencia militar pero seguirá apoyando a Malí en los retos que le esperan: restaurar el Estado, mejorar la gobernancia, garantizar la seguridad, llevar a buen fin el desarrollo y hacer patente una vigilancia extrema.

 

Y es que los grupos violentos, los terroristas al igual que los traficantes pretenden instalarse ahí donde el o los Estados no pueden ya controlar su territorio, y ahí donde la cooperación regional no funciona.

 

Esto lo vemos en República Democrática del Congo en donde se multiplican las atrocidades en las cuales mujeres y los niños son las primeras víctimas. Por ello obtuvimos de las Naciones Unidas, la instauración de una brigada de intervención en los Kivus. Y corresponde ahora a la MONUSCO oponerse en Goma a los grupos armados que desestabilizan la región.

 

Del mismo modo ya es el momento, ahora más que nunca, de actuar en República Centroafricana. Este país está al borde de la “somalización”. Me entrevisté con las ONG que laboran ahí y hacen un trabajo admirable, pero el balance es abrumador: 60 000 niños corren el riesgo de morir de desnutrición, un millón y medio de habitantes de cinco millones han sido desplazados.

 

Hago un llamado a la Unión Africana y al Consejo de Seguridad para que se ocupen de esta situación y Francia los ayudará. Pero lo recuerdo aquí, corresponde sobre todo a los africanos garantizar su seguridad.

 

Este es el sentido de la Cumbre del Elíseo que se celebrará en diciembre, ocho meses después de que la Unión Africana decidió crear una capacidad de respuesta para crisis, y seis meses después de la reunión sobre seguridad marítima en el Golfo de Guinea, que emprendió acciones contra la piratería.

 

Europa estará representada en la Cumbre de París, pues es juntos como debemos responder a las solicitudes de los países africanos en materia de formación, de encuadre y de equipamientos para sus ejércitos, ya que este continente tiene mucho porvenir, y debe por sí mismo controlar su destino. Francia estará a su lado, sin incluso buscar nada para sí.

 

La responsabilidad de Francia consiste también en apoyar a los países árabes en sus difíciles transiciones. Recordé en Túnez que ninguna religión era incompatible con el ejercicio de la democracia y que el Islam podía aportar una nueva prueba siempre y cuando se respetaran las libertades individuales, la igualdad entre mujeres y hombres así como el pluralismo.

 

Por ello Francia es solidaria con el pueblo tunecino para permitirle encontrar la palabra a través de la organización rápida de elecciones tan incontestables como las de 2011. Es una razón de más para denunciar a los autores de las violencias que afectan en Túnez a militantes políticos y que ponen conscientemente en peligro el proceso democrático.

 

Es en nombre de estos mismos valores que hacemos un llamado a las autoridades egipcias para restablecer lo más pronto posible la paz civil y encaminarse hacia nuevas elecciones con el conjunto de las partes activas de la sociedad. Francia está disponible para contribuir con otros a una mediación y hace esta propuesta sin intención de injerencia y con la única preocupación de ser eficaz.

 

Deseo extender mis observaciones ofreciendo nuevas perspectivas de cooperación a los países de la región. Propuse en Malta en la Cumbre 5+5 que construyéramos juntos un Mediterráneo de proyectos. No podemos quedarnos en las iniciativas sin futuro de estos últimos años. Hago un llamado a nuevas asociaciones menos ambiciosas pero más concretas.

 

No obstante, estoy muy consciente de que nada sólido podrá hacerse sin que el conflicto israelo-palestino se haya solucionado.

 

La posición de Francia es constante. Se conocen las bases de una solución justa y duradera, las cuales radican en la coexistencia de dos Estados, viables, que se reconozcan mutuamente a uno y otro lado de fronteras seguras.

 

He apoyado la admisión de Palestina en las Naciones Unidas como Estado observador no miembro. Pero ningún voto podría remplazar debates directos. Por ello elogio la reanudación de las negociaciones, alentada con obstinación por la administración estadounidense. Que nadie se equivoque: es una de las últimas oportunidades para lograr la paz que no debe perderse. Con sus socios europeos, Francia está dispuesta a desempeñar todo el papel que le corresponde con israelíes y palestinos y en concertación con sus socios árabes. Esto es lo que iré a decir en Israel y Palestina este otoño.

 

Pero otro asunto amenaza la paz en esta región: es el programa nuclear iraní, tomando en cuenta que tiene una finalidad militar. Hasta ahora las negociaciones han fracasado, pero quiero creer que la elección del Presidente Rohani podrá cambiar la situación, pues Irán paga el precio de las sanciones y del aislamiento. Y este precio seguirá creciendo si nada cambia. Este gran país debe decidir por la transparencia y el respeto pleno y total de sus obligaciones internacionales. Espero entonces gestos concretos, rápidos, comprobables y verificados.

 

Pero el tiempo apremia. A medida que Irán se dota de los medios de lo inaceptable, la amenaza crece, y la cuenta regresiva ya empezó. De ahí la urgencia de una negociación en el marco del EU3+ 3 que debe desembocar rápidamente en logros concretos.

 

Así, en todos los retos, en todos los conflictos, en todas las crisis, Francia hace oír su voz. No para sí misma, para su influencia y sus intereses, sino para la idea que ella se hace del equilibrio del mundo y su responsabilidad.

 

Su responsabilidad es también sacar todas las conclusiones de los cambios planetarios.

 

Las nuevas potencias se cuentan de ahora en adelante por decenas: en veinte años, el porcentaje de países emergentes en el PIB mundial pasó de 36 a 50%. Los más grandes ya han alcanzado niveles tecnológicos comparables a los de los países desarrollados, y disponen de reservas de divisas considerables.

 

Inmensas clases medias se desarrollan en estos países: se prevé que las capas urbanas contarán con más de cuatro mil millones de individuos en diez años, la mitad de las cuales en Asia. Se trata de un reto económico pero es también una oportunidad considerable para nuestras empresas, nuestros universitarios, nuestros creadores.

 

Tengo confianza en la capacidad de Francia para enfrentar esta competición. Pero claro, nuestro país debe saber tomar todavía las decisiones correctas, adaptar sus políticas, modernizar su economía. Estas reformas, las emprendí.

 

El objetivo que establecí consiste en recuperar para 2017 el equilibrio de nuestra balanza comercial, sin contar la energía.

 

El conjunto de las herramientas del Estado deben movilizarse. Nuestras embajadas, nuestros consulados, nuestros servicios económicos en el extranjero, Ubifrance, la Coface, la Agencia francesa para las inversiones internacionales: todos deben trabajar juntos con un solo objetivo, apoyar a nuestras empresas en la conquista de nuevos mercados.

 

Los instrumentos de financiamiento de las exportaciones deben también mejorarse: no es aceptable que grandes ofertas industriales francesas se vean penalizadas frente a sus competidores por falta de apoyo financiero. El Gobierno trabaja en ello.

 

Las PYMES deben ser una de las prioridades de la diplomacia económica. Detrás de cada gran contrato ganado, los subcontratistas, los fabricantes de equipos, los proveedores franceses deben ellos también acceder a los mercados. Los conmino, señoras y señores Embajadores a velar por ello.

 

De forma paralela, nuestro territorio debe atraer más a los inversionistas, a los empresarios, a los investigadores, a los estudiantes. Se concederán todas las facilidades, incluso en la expedición de visas.

 

El turismo debe erigirse como la gran causa nacional, lo que supone mejorar la recepción en los aeropuertos, reforzar la seguridad, elevar el nivel de los equipamientos como el de las prestaciones. Francia ya es el primer destino turístico del mundo, y su objetivo consiste en lograr el primer resultado turístico de todos los países europeos.

 

No hay la economía por una parte, la proyección internacional por la otra. Todo contribuye a la presencia de Francia en el mundo.

 

Y así sucede con nuestra política universitaria. Francia recibe a 48 000 investigadores internacionales y 300 000 estudiantes extranjeros: debemos hacer aún más. Es el papel de Campus France, cuya misión consiste en orientar todavía más a estudiantes prometedores hacia nuestros universidades y nuestras escuelas de prestigio.

 

Nuestra red cultural es también una palanca para afirmar la “marca Francia”, promover a nuestros creadores, nuestros arquitectos, hacer de nuestro arte de vivir una aspiración en las clases medias emergentes.

 

Una diplomacia activa, es también una diplomacia orientada hacia los Franceses del extranjero. Hélène Conway se ocupa de ello. El número de nuestros compatriotas que viven fuera de nuestras fronteras se duplicó en 15 años. Nuestro país cuenta con más de dos millones, que participan en la vida económica, cultural y social de su país de residencia. El hecho de pasar una parte de su trayectoria profesional en otro país se convierte en una experiencia cada vez más común. Es una evolución a la que nuestra diplomacia debe adaptarse, al mismo tiempo para apoyar a nuestros conciudadanos pero también para valorizar su presencia.

 

El resplandor de Francia es su lengua: el espacio francófono reúne 15% de riqueza mundial, lo cual es una ventaja formidable. En África, que contará con 600 millones de francófonos en 2050, pero también en Asia y en América en donde nuestra lengua se usa más todavía. Y en todos los foros en donde se toman las decisiones pues para que el mundo de mañana se piense en francés, es necesario todavía que lo hable. Es la misión que he confiado a Yamina Benguigui.

 

Francia es una nación universal. Tiene vocación para definir verdaderas asociaciones con

grandes países.

 

Con China, deseo que el quincuagésimo aniversario del restablecimiento de nuestras relaciones diplomáticas de la pauta para proseguir nuestra cooperación, en materia nuclear civil y en materia energética, y también para reequilibrar nuestros intercambios.

 

El Primer Ministro chino me había dicho por cortesía que China no tenía vocación para ser,

con respecto a Francia, excedentaria. Le respondí, con la misma cortesía, que Francia no tenía tampoco vocación para ser estructuralmente deficitaria con respecto a China. Teníamos seguramente algo que hacer para encontrarnos, pero también para recibir más inversionistas chinos en Francia.

 

No me gustaría aquí crear nuevos temores, pero cuando tenemos la posibilidad de tener capitales que se invierten en Francia, incluso en nuestro aparato industrial, no quiero rechazarlos.

 

De la misma manera que apoyamos las inversiones que se hacen en el extranjero, partiendo de Francia – ya que es un medio para acceder a mercados, ocupar posiciones – debemos admitir que haya inversiones industriales traídas por los países emergentes a Francia. Existe desde hace muchos años una diferencia muy grande entre las inversiones francesas en el extranjero y las inversiones extranjeras en Francia. Incluso si Francia es uno de los países en donde hay más de inversiones de países extranjeros que vienen a nuestro territorio, aportando así sus capitales.

 

Con India, la mayor democracia del mundo, deseo ampliar todavía más nuestras relaciones económicas, nuestra cooperación de defensa y nuestros intercambios culturales.

 

Con Japón, la visita de Estado que efectué en el pasado mes de junio permitió volver a renovar nuestra asociación de excepción con la tercera economía del mundo que ha colocado el crecimiento en la parte medular de su agenda.

 

Con Brasil, que va a ser el anfitrión de acontecimientos internacionales de primera importancia, Francia tiene afinidades particulares. Tendré la oportunidad de dar fe de ello cuando viaje hacia este país antes de fin de año.

 

Con Sudáfrica, el diálogo estrecho que nuestros dos países mantienen sobre la seguridad del

continente es particularmente valioso puesto que permite terminar con la división entre el África anglófona y el África francófona.

 

Por fin, quiero mencionar a Rusia: sabemos lo que se nos acerca – la historia, la economía, la cultura – y también lo que nos separa, pero es esta franqueza la que nos permite avanzar, pues tengo el deber de expresar en todas partes nuestro compromiso en pro del respeto de los Derechos Humanos.

 

Francia se honra al defenderlos – cuando se atenta contra ellos – y al recordar la exigencia de dignidad, de igualdad entre hombres y mujeres, pero también de lucha contra el homofobia que adquiere proporciones inquietantes.

 

La responsabilidad de Francia consiste en contribuir a gobernar mejor el mundo. ¿Cuáles son nuestros objetivos?

 

Ante todo proseguir la lucha contra la evasión fiscal: se lograron algunos progresos importantes en el G8 sobre el intercambio económico de información, la supresión del secreto bancario y la lucha contra la optimización fiscal agresiva. Espero que el G20 de San Petersburgo, la próxima semana, prolongue todos estos avances.

 

Después reducir los desequilibrios globales. Las grandes economías deben coordinar más sus políticas en las instancias de gobernancia, en el FMI, el Banco Mundial, el G8, el G20. El crecimiento de unos ya no puede hacerse en detrimento de los otros. Con la misma óptica resulta esencial que las monedas reflejen el estado real de las economías.

 

Finalmente, llegar a un acuerdo sobre el clima: no podemos constatar el calentamiento planetario y quedarnos sin hacer nada. Este será el objetivo de la Conferencia de 2015 que se celebrará en Francia, tomando en cuenta que hemos propuesto organizarla.

 

Para que sea exitosa, debemos conciliar dos imperativos: la aspiración al desarrollo a fortiori de los países más pobres, y la necesidad de contener el calentamiento climático en límites sostenibles.

 

Nuestro enfoque se basará entonces en las contribuciones voluntarias de los Estados, evaluadas de acuerdo con criterios fiables y transparentes, y en un acuerdo global que comprometerá a todos los países, según el principio de “responsabilidad común pero diferenciada”.

 

Francia, que tiene la vocación de dar el ejemplo a través de su propia transición energética y el respeto de sus compromisos europeos, ya ha emprendido un trabajo de convicción: esta es la misión que he confiado a Nicolas Hulot. Tengo confianza en nuestra capacidad para superar el fracaso de Copenhague.

 

El Presidente Obama se ha comprometido fuertemente con la cuestión del calentamiento y mis intercambios con los dirigentes chinos, hindúes, brasileños, así como con los Jefes de Estado africanos, me confirman que la idea de una vía de compromiso es posible.

 

Y esto es también real para garantizar el financiamiento del desarrollo.

 

Francia es el cuarto donante mundial. Yo había asumido el compromiso de renovar el marco de esta política que representa más de 9 000 millones de euros anuales. Este es el objetivo del proyecto de ley sobre nuestra política de desarrollo, del cual se ocupa Pascal Canfin.

 

La acción de Francia se concentrará en los países más pobres y preverá asociar al conjunto de actores del desarrollo, en particular, las entidades locales, las ONG, las empresas. También pedí mantener nuestra contribución al Fondo mundial de lucha contra el SIDA, el paludismo y la tuberculosis en su nivel actual.

 

Señoras y señores Embajadores:

 

La responsabilidad de Francia, es tomar la iniciativa en Europa. Desde hace un año, se han logrado avances:

 

- se preservó la integridad de la zona euro;

- se salvó a Grecia, no sin dolor;

- se introdujeron mecanismos de estabilidad y solidaridad: el BCE asumió su parte de responsabilidad;

- se ratificó el Pacto Presupuestario;

- se emprendió la unión bancaria;

- el crecimiento se volvió a poner en la parte medular de la agenda;

- el empleo de los jóvenes se convirtió en nuestra prioridad común: Francia será por cierto la anfitriona de una segunda Conferencia Europea sobre este tema en noviembre.

 

Son tantos los avances que pocos se imaginaban que pudieran ser posibles en un año.

 

En la actualidad, Europa sale de la recesión: todo lo que pueda reactivar la actividad y crear

empleos deben acelerarse y ampliarse, y sólo lo lograremos con una reorientación de Europa.

 

 

Mis propuestas se declinan en tres puntos: simplificar, avanzar, clarificar

 

• SIMPLIFICAR. Con una Presidencia estabilizada del Eurogrupo, con la instauración de un gobierno económico de la zona Euro, y con una armonización de las normas fiscales y sociales, en particular, el salario mínimo.

 

• AVANZAR. Es dar contenido al proyecto europeo, en al menos tres ámbitos:

- en primer lugar la energía. Abogo por una comunidad de la energía que garantice la interconexión de las redes, la seguridad de suministro, la protección del clima;

- posteriormente, lo digital. Deseo que Europa defina a partir de octubre sus propias normas de protección de datos privados y las tecnologías que necesita en su territorio;

- finalmente la defensa. Deseo, con motivo del Consejo Europeo de diciembre, dar un impulso a una industria europea, poner en marcha programas estructurales e progresar hacia la Europa de la Defensa.

 

• CLARIFICAR. Ya es hora de sacar las conclusiones de diversidad de las relaciones que mantienen los países miembros con respecto a la Unión Europea. Respeto las decisiones de los que quieren quedarse ahí e incluso aquellos que decidirían apartarse. Pero tengo sobre todo la intención de ir más lejos con los países que están decididos a ir hacia adelante. Se trata de nuestro proyecto de integración solidario en una “Europa diferenciada”, en dónde los ritmos, los contenidos e incluso las reglas de decisión serían distintos, pero manteniendo al mismo tiempo la unión de todos como espacio de libertad, democracia y solidaridad.

 

Sobre todos estos temas y por lo tanto de esta iniciativa, Francia se propone actuar en armonía con Alemania, porque nuestros dos países son indisociables: independientemente de los gobiernos, de las mayorías, tenemos la obligación de llevar el futuro de Europa. La próxima semana, recibiré al Presidente de la República Federal, el Sr. Gauck, en visita de Estado a Francia.

 

El Presidente ha querido ir en varios lugares simbólicos: París por supuesto, en dónde se llevará a cabo lo esencial de la visita; Marsella, para alentar a esta gran ciudad y elogiar también su renacimiento cultural; y por fin en Oradour-sur-Glane, para llevar el mensaje, el único que vale: no olvidar nada y ser capaz, al mismo tiempo, de construir el porvenir juntos.

 

Será una nueva demostración de lo que es la fuerza de esta amistad. Esta amistad tiene la característica de no estar replegada a los dos países que lo decidieron así, sino de estar al servicio exclusivo de la idea europea.

 

Al término de las elecciones alemanas, deseo que Francia y Alemania retomen la iniciativa, como nuestros dos países han sido capaces de hacerlo, en cada etapa de la construcción europea.

 

Por todas estas razones, y no olvido la renovación del Parlamento Europeo, el año que se abre será decisivo para el porvenir de Europa.

 

¿Debo ser casi esquemático por no decir caricaturesco? O Europa es capaz se volver a hacer un proyecto, o lenta pero seguramente sufrirá un proceso de desintegración, de desclasificación que será fatal, no sólo para Europa – que ha constituido la gran aventura humana de estos últimos 70 años – sino que será perjudicial también para el conjunto del mundo: porque Europa es una referencia, es un marco, es incluso un ejemplo de cooperación regional.

 

Señoras y señores embajadores:

 

Son ustedes portadores del mensaje de Francia, lo cual es la vez una responsabilidad y un honor.

 

He podido constatar, durante mis numerosos viajes, la calidad de nuestra herramienta diplomática y de todos aquellos que contribuyen a ella, civiles y militares. Laurent Fabius desea, con justa razón, hacerlo evolucionar. No se trata de “cambiar por cambiar”, se trata de ser capaz de asumir los retos y los cambios del mundo.

 

Francia debe estar por todas partes en movimiento: esa es su misión y también la nuestra.

 

- en movimiento para buscar soluciones políticas a las tensiones que surgen;

- en movimiento para apoyar las aspiraciones de los pueblos;

- para respaldar a los países más pobres;

- para promover las regulaciones indispensables;

- para establecer asociaciones con los países emergentes,

- finalmente en movimiento, para ejercer nuestra responsabilidad.

 

Hay momentos en los cuales esta responsabilidad es pesada: ¿comprometer o no comprometer a Francia? ¿Actuar o no actuar? ¿Decidir o no decidir? ¿Intervenir o dejar que pasen las cosas? Esta interrogante se plantea al Jefe de Estado en momentos particulares en la historia de nuestro país. Una vez más, esta interrogante regresa o va a regresar en los próximos días.

 

¿Actuar o no actuar? ¿Estar ahí o dejar que los otros lo hagan? Francia ha decidido ejercer, en todas partes, su responsabilidad para sí misma y para el equilibrio del mundo.

 

Gracias.

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